Tu peque ya se sienta a la mesa y come casi lo mismo que la familia (adaptado). Es la edad clave para sembrar buenos hábitos, con paciencia y sin batallas.
A partir del año, el niño puede comer prácticamente lo mismo que el resto de la familia (comida sana), en raciones pequeñas y con texturas seguras. Lo que aprenda ahora —sabores, horarios, comer en compañía— le acompañará durante años.
Es muy normal que coma menos que antes o que rechace lo nuevo: están creciendo más despacio y descubriendo su autonomía. La clave es ofrecer comida sana sin agobios ni peleas.
Comer juntos y sin pantallas: aprenden imitando lo que ven en casa. Ofrece variado y come tú también de ello.
Tú decides qué, cuándo y dónde se come; él decide cuánto. No fuerces ni hagas menús "a la carta".
La mitad del plato, verdura y fruta; un cuarto, hidratos (mejor integrales); un cuarto, proteína. Y agua para beber.
Comen poco porque son pequeños: una ración suya es aproximadamente un cuarto de la de un adulto.
Antes de los 2 años, nada de azúcar añadido. Después, cuanto menos mejor. Ojo con bollería, galletas, zumos y "postres infantiles".
Poca: menos de 2 g al día entre 1 y 3 años. No añadas sal a su plato ni uses pastillas de caldo.
Limita snacks de bolsa, dulces y embutidos (salchichas, bacon): llevan mucha sal, azúcar y grasa.
Entre los 18 meses y los 2–3 años el apetito baja porque crecen más despacio. Preocupa a muchas familias, pero rara vez es un problema real.
Algunas cifras (sodio equivalente a la sal, máximo de leche en el NHS, vitamina D AEP) no figuran con número exacto en la fuente preferente; se presentan según la fuente que sí las da. Fuentes: OMS · AEP/AEPap · AESAN · NHS · AAP · IOM/DRI · EFSA.